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Yaga – 294 (b)

Altoaragonesa

 En la parte alta del circo de Gurrundué, la Fuente del río Yaga aflora aguas que toman un decidido camino N-S; se unen mínimos aportes que configuran el barranco de Gurrundué. A la salida del circo, desde el NO (barranco Carcil) y O (La Valle, Forca Martín, etc.) llegan otros caudales que, unidos al primero, configuran el río Yaga. De inmediato, el naciente río se hunde en la garganta –tramo superior- de Escuaín. Aquí recoge, especialmente por la izquierda, otras aportaciones, como las del barranco de La Garganta, Angonés (circo de La Sarra) y Consusa, este último ya debajo de Escuaín. Atraviesa la cuenca más amplia de Estaronillo y se hunde en la garganta inferior, aguas debajo de Miraval. Tras unos doce kms. de recorrido, desemboca en el Cinca por el Hospital de Tella.

 

“Las aguas del río Yaga recorren un largo trayecto y un notable desnivel, descendido salto a salto por la suma de sus continuas estrecheces. El Yaga se ahíla, se encrespa en un laberinto de bloques, caos, marmitas, pozas y cascadas, entre escarpes y una poblada vegetación. El rumor del río acompaña como si fuera la respiración del abismo, cuyos pulmones movieran la corriente. …todo un mundo subterráneo de cuevas y cavernas, que son capaces de formar un magnífico sistema espeleológico que se desarrolla por varias decenas de kilómetros” (F. Biarge, Sobrabe, testigo directo).

 

Decíamos al hablar de la garganta de Escuaín que ésta exhibe enormes paredones verticales, a veces extraplomados, a modo de alero; el trazado casi subterráneo; en largos tramos de la garganta, la vegetación forma un dosel que dificulta, que tamiza, la entrada de la luz. En cualquier caso, la atormentada vena de agua tiene sobre sí una cubierta que la oculta al sol, al cielo, a la luz. Y éste es el contenido del topónimo Yaga.

 

Se trata (estamos ante una de las raras ocasiones) de una forma simple, de un solo sustantivo. No hay complejidad formal alguna, por consiguiente; pero sí debemos hilar fino en la interpretación. Estamos ante la voz ibérica ega, que significa ala, alero, cornisa. Debemos considerar que el ala no está pegada al cuerpo, sino desplegada, formando un seno por encima de la tierra, en este caso por encima del cauce; es justamente como el alero de una casa, como la cornisa voladiza, solo que, en el Yaga, además de roca, puede estar hecha de vegetación. Ega sufrió diptongación e > ie (Iega), y posterior apertura –al modo aragonés- ie > ia. En consecuencia, Iaga o Yaga vale, literalmente, por “el alero”, y propiamente por “el que tiene alero o cornisa”.

 


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