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Torreciutat (5)

Altoaragonesa

Este hermoso topónimo ibérico ha sufrido el impacto de una masa de barro castellanizante y, llevado en volandas por la propaganda y el fervor religioso, ha adquirido una notoriedad que, sin embargo, no puede ocultar la falta de rigor lingüístico y la agresión cultural. Daremos algunas claves, ya al inicio, para su correcta interpretación:

1. Nos dice Antonio Ubieto Arteta, Historia de Aragón. Los pueblos y despoblados III, que Torre-Ciudad es un caserío en el término de Secantilla y que en 1.857 contaba con seis habitantes, esto es, personas (no vecinos o fuegos). Tan menguada cifra es coherente con la de Madoz unos años antes (1.845-1.850), pues, al incluirlo con los lugares de Ubiergo y Volturina, da para el conjunto una población de “10 vecinos de catastro, 56 almas”. En estos términos, entender que el topónimo hace referencia a la existencia de una “ciudad” es un puro sarcasmo que, sin embargo, no detiene a nadie. El mismo Madoz cuenta que “ a media hora de Volturina… se halla un santuario, en que se venera desde muy antiguo, la imagen de Nuestra Señora de Torre-ciudad, llamada así, porque a distancia de un tiro de bala, existió un pueblecito (¡!) con este nombre, el cual fue arruinado en tiempos de los moros, distinguiéndose aún sus escombros”. Los tiempos de los moros…

2. La primera mención de este lugar data del año 1.066, en que se cita (Antonio Durán Gudiol, Colección diplomática de la catedral de Huesca) al “señor Atu Galindiç in Abinçala et Cibtate”. Esta forma, Cibtate, requiere una consideración especial. No se trata, con toda seguridad, del ablativo singular de civitas-atis, pues en multitud de ocasiones aparece escrito ya en la forma propia de civitate ya en la de ciuitate, pero siempre tetrasílaba y no trisílaba como es Cibtate. La explicación es la siguiente: En la documentación de la Alta Edad Media redactada en latín, la letra u representa tanto al sonido vocálico /u/ como al oclusivo bilabial sonoro /b/, especialmente en las formas (no siempre) que proceden del latín con v etimológica: uos, uestris, uindimus, uiuis, uita, etc. Con el transcurso del tiempo, la generalización del uso de v la lleva, no sólo a ocupar su lugar propio (vos, vestris, vindimus, vivis,vita, etc.), sino a invadir los de la u (Vgo por Ugo) y de la b (lavrar por labrar). Ante este pandemonium, la b (hasta el momento tan “formalita”, representando el sonido oclusivo-bilabial-sonoro en aquellas palabras con b etimológica) “se sale de sus casillas” e invade los campos de la v y, excepcionalmente, de la u. Pues bien, esto último es lo que ocurre en Cibtate que, por ello, deberá ser leído como Ciutate.

3. Lo que en toponimia es relativamente sencillo de hacer, adulterar y mixtificar a capricho un nombre de lugar, usando de mucha ligereza y de ningún escrúpulo (Santa Maura por Santamuera, Santa Liestra por Santallestra, Anciles por Ansils, Aigüestortes por Aiguatorta, Vilaller por Bidaller y una interminable serie de ejemplos), es casi imposible con los apellidos familiares, tanto porque cada ciudadano se aferra al suyo y de sus mayores con la mayor fidelidad, como porque es un campo en el que no consideran interesante jugar las fuerzas ocultas. En consecuencia, hoy viven entre nosotros ( y por muchos años) gentes con un hermosos e intacto apellido Ciutat.

4. La tradición popular, ciertamente cada vez más débil y yo diría que hasta un poco vergonzante ante tanta y tan moderna y “docta” presión, ha conservado, gracias a Dios y frente a tanto estúpido, el verdadero topónimo de Torreziutat.

Volvamos ahora los ojos sobre el enclave físico de Torreziutat y aportemos dos testimonios, anterior uno y posterior el otro, a la construcción de la presa de El Grado. El primero, de Madoz, nos dice que “sobre unas peñas, cuya base combaten las aguas del río Cinca, se halla un santuario… Allí existe igualmente un torreón de estructura árabe”. El segundo, de Severino Pallaruelo (Guía del Pirineo aragonés, edición del autor, página 58) afirma:” Entre el amplio complejo religioso moderno y la vieja ermita se encuentra, coronando un risco que se levanta sobre las aguas, la torre cilíndrica de una fortaleza medieval”. Realmente, importa muy poco saber si tal torre fue construída por los moros o por los cristianos en la Alta Edad Media o si, como parece más probable, tiene un origen muy anterior (recordemos, por ejemplo, los talaiots circulares de Mallorca, que son 237 sobre un total de 341 conservados, muchos de los cuales datan de 1.400 años antes de nuestra Era). Lo determinante para un estudio lingüístico como el presente es saber si las gentes que lo construyeron, ocuparon y le dieron nombre hablaban la lengua ibérica, esto es, si eran iberos. La posibilidad es más que evidente, habida cuenta que en la misma ciudad de Huesca se hablaba el vascuence (lengua iberovasca) todavía en el año 1.349, puesto que las Ordenanzas de Huesca de esta fecha prohíben su uso, diciendo así la prohibición:” Item nyl corredor non sia usado que faga mercaduria ninguna que compre ni venda entre ningunas personas, faulando en algarabía, ni en abraych nin en bascuenç, et qui lo faga pague por coto XXX sol”. Si esto sucedía en la ciudad, es evidente que el uso de esa lengua seguía siendo habitual, pese a la larguísima persecución, en los núcleos rurales más apartados. Y la certeza de la naturaleza ibérica del topónimo resulta del análisis que efectuamos a continuación.

Torreziutat es un topónimo ibérico, una composición integrada por tres elementos: un nombre, un verbo en infinitivo y un sufijo de nominalización. De los tres, sólo el primero tiene un valor o significado autónomo, por lo que escribir Cibtate, como lo hace el documento del 1.066, supone una cierta licencia de uso por estar sobreentendido el término que falta. El primero de aquellos elementos es el substantivo torre, definido por el Diccionario Retana de Autoridades del Euskera como “torre, residencia noble o principal”. Pese a su semejanza con el latín turris, torre es una voz genuinamente ibérica, como se desprende, muy brevemente (con toda la extensión necesaria ya se expuso en el capítulo XXI, Topónimos con “torre”, de mi obra De Ribagorza a Tartesos) diremos que:

1. Tiene una variante dorre, y esta alternancia to-do en la sílaba inicial representa justamente el doble valor del signo silábico ibérico (oclusiva dental sorda o sonora con vocal /o/).

2. Entra repetidamente a formar composición con voces genuinamente ibéricas,lo que demustra el mismo origen. Recordemos, por ejemplo, torre- obi- ato = Torrobato; torre-pendi(z)- n- eta = Torrepentineta; torre- aza = Terraza; torre- etxi = Torretxí; torre-ele-a =Torrella, y muchos otros.

El segundo elemento, el infinitivo, corresponde al verbo ziurta, que el mismo Diccionario define como “asegurarse”, “asegurarse de”. La conexión sintáctica entre un nombre y un infinitivo verbal (que bien podría hacerse por medio de una preposición, la torre para asegurarse de…) se hace en ibérico muy frecuentemente por medio de un sufijo de nominalización, esto es, que transforma al infinitivo en substantivo postverbal. Tal sufijo es –te, “sufijo derivativo de infinitivos nominalizados, es de importancia suma”. Aportemos un ejemplo de epigrafía ibérica: el vaso nº 12 de Lliria (Valencia) contiene, pintada en caracteres ibéricos, la siguiente leyenda: Gudua-te iztean, en la que gudua es un infinitivo que significa guerrear; el sufijo –te lo convierte en nombre, esto es, guerra, con lo que el texto debe traducirse por “guerra en el agua”, explicando las escenas bélicas sobrepuestas al texto. Por consiguiente, ziurta-te valdrá por “aseguranza” o “seguridad”.

En la aglutinación de estos elementos observamos lo siguiente:

1. El enlace torre-ziurta es una yuxtaposición necesaria, pues un torr(e)-ziurta introduciría la confusión (tor vale por “venir”, tor(i) por “tome, tenga”, tor(o) por “pequeño”…).

2. La presencia de /R/ en el primer término y de /r/ en el segundo, provoca la haplología de la débil: ziu(r)ta. He aquí porqué asegurábamos la unidad de la composición y la impropiedad de Cibtate.

3. La derivación ziuta-te sufre la caída de la vocal átona final, ziutat(e), con reducción silábica.

En conclusión: torre-ziu(r)ta-te = torreziutat(e) = Torreziutat. El significado literal es “la torre de seguridad” y, ante un posible escenario bélico, más propiamente, “la torre de defensa o defensiva”.


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© Bienvenido Mascaray bmascaray@yahoo.es

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