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Terrantona (73)

Altoaragonesa

El nombre de la capital de la comarca y municipio de La Fueva nos reserva una monumental sorpresa, al tiempo que echará por tierra una de esas muestras de “romanización intensa” que, sin otro apoyo que una semejanza formal entre el topónimo y una voz latina, se ha inscrito con letras de plomo en nuestras más sesudas cátedras, en las enciclopedias y libros de consulta, en cualquier artículo o trabajo de geología, flora, fauna, geografía económica, arte, excursionismo…Confieso mi odio y animadversión para tantos “culturetas” hispanorromanos, no por su amor y hasta obsesión por todo cuanto procede de Roma, sino por el desprecio e ignorancia responsable de que dan muestra constantemente hacia la primera y más hermosa civilización del mundo occidental que, además, es la nuestra, la ibérica. Y es que, al margen de la trascendencia inmensa que la civilización ibérica tiene para problemas y debates de la actualidad (Estado-nación, nacionalidades-autonomías, lengua común y lenguas propias, las dos Españas, religión y código moral, solidaridad y otros grandes temas), no pueden ser acalladas eternamente las manifestaciones más hondas de humanidad y espiritualidad propias de nuestros antepasados, tal como la que sigue. Un padre culto (sabe escribir y se expresa con elocuencia y belleza), que vive en una pequeña y solitaria majada con su familia y otras más, ve con insufrible dolor cómo, uno tras otro y hasta cuatro, sus hijos (también otros de los vecinos) resultan ser sordomudos, y se lamenta así: “La majada ha sido tocada por la desgracia y nuestros niños se vuelven estúpidos con facilidad. No tienen alma, son sordomudos. Yo mismo tengo cuatro. ¡Clamo al cielo!, ¿porqué tanto mal?. Sin espíritu, sordomudos… Haz que los niños entiendan las palabras, que se desarrollen con salud. Redime esta calamidad, déjales alegres. ¡Ojalá oigan!. Esperamos hasta que el momento llegue, esperamos. Concede tu buena disposición, lo esperamos. Te pedimos gracia para los críos, acaba con la maldición. Que tengamos hijos sanos, con carácter, que tengan oportunidad de ser felices”.

Ahora, un poquito de humor. Un empleado del ayuntamiento de La Fueva, joven e inteligente, mientras me conduce en su coche hasta un punto idóneo para contemplar lo que constituye el objeto de mi investigación, me explica el origen popular y festivo del topónimo. Se dice que un matrimonio caminaba hacia Tierrantona, y que la esposa, de nombre Antonia (Antona, como Antón, en la comarca) se sentía muy cansada y quería sentarse, sin encontrar un lugar adecuado para ello. Al poco, más agotada, le preguntó al marido: “¿Dónde puedo sentarme?. Y éste le contestó: “Pues en tierra, Antona”. No mayor fundamento pero mucha más petulancia y peligrosidad para la Lingüística y la Historia, encierra la explicación “docta” del topónimo. Se empieza por trocear la composición ibérica Terrantona a lo bestia, viendo, segundo error, al inicio el sustantivo latino terra-ae, “la tierra, la tierra firme”, pero también “tierra, país, comarca o territorio”. Hay que dar una explicación al trozo que queda, para lo cual resulta muy aparente el antropónimo romano Antonius-ii. Y a partir de aquí, toda la sapiencia universitaria “recompone” la Historia: “La dominación romana tardó en alcanzar estas latitudes, aunque la toponimia nos muestra lo que pudo ser un fundus romano: la Terra Antoniana, origen del actual topónimo Tierrantona”.

Debemos iniciar el estudio fijándonos en un documento del siglo VI (año 551) relativo a las donaciones del diácono Vicente, publicado por D. Antonio Durán Gudiol en su obra Colección diplomática de la Catedral de Huesca, Zaragoza 1.965, en el que se hace mención a una “Terra Terrantonensi”, y a otro similar del 576. Los documentos están escritos en latín y el primero de los términos sí puede ser identificado con el terra-ae antedicho, con valor de país, comarca o territorio. Pero, a continuación, suponer que el escriba es tonto o descuidado porque ha repetido el término genérico terra poniéndolo ahora al frente del segundo término, el específico Terrantonensi, corregir el texto y traducirlo en su conjunto por “tierra de Antonio” o “tierra Antoniana” es un disparate y una ligereza impropia de un estudioso serio. En 1.102 “Murel de Terrantona”. Además, otro documento muy posterior del año 1.134, hace una traducción perfecta del “terra Terrantonensi” dejándolo en “territorio de Terrantona”. Por consiguiente, si concedemos inicialmente el crédito debido al escriba del 551 y, además, contamos con una traducción cabal del 1.134, ¿no podemos sospechar al menos que no existe tal repetición y que la parte inicial del segundo término “Terrantona” pueda ser “algo” distinto al latín terra?. Pero ya un año más tarde, 1.135, aparece el infundio que se ha mantenido hasta hoy, cuando otro documento habla de una terra Aintionis.

Debemos referirnos a La Fueva antes de entrar en el análisis del topónimo de su capital. Se trata de una comarca natural muy diferenciada geográficamente, encuadrada en el Bajo Sobrarbe, entre los cauces del Zinca y Ésera. Tiene la forma casi perfecta de una hoya u hondonada, que es lo que significa precisamente su étimo latino fovea, y que, como la generalidad de los topónimos románicos apenas necesita de análisis o interpretación; a no ser que, en plena ceremonia de la confusión instalada ante la grafía de nuestros nombres propios (me refiero a los de Iberia o Ispania), alguien, paradójicamente, opte por escribirlo con b, contra los dos criterios a tener en cuenta, el fonético (oclusiva bilabial sonora que en castellano tiene dos signos, b o v indistintamente) y etimológico (que nos obliga a v por fovea). “La Fueva es la hoya: una gran artesa o depresión de fondo casi plano que se abre al pie de los murallones calizos de Sierra Ferrera. Esta peña alargada la limita por el NO, en tanto que la cumbre de Campanué y las sierras de Pallaruelo y de Troncedo la cierran por levante. Los afloramientos calcáreos de Lapenilla y de Clamosa forman sus límites meridionales y el largo lomo protegido por el castillo de Muro de Roda la separa, en el lado occidental, del valle del Cinca” (Comarca de Sobrarbe, 382). Desde un punto de vista administrativo, casi toda la comarca, incluídos sus rebordes montañosos, está comprendida en el actual municipio de La Fueva. Quedan fuera los lugares de Lacort y Lascorz (pertenecientes al de Foradada del Toscar), el de Arro ( a Ainsa-Sobrarbe), Los Molinos (al de Pueyo de Araguás) y el de Palo, con municipio propio; contrariamente, con la absorción de Mediano-Samitier, La Fueva invade la orilla derecha del Zinca. Para configurar este municipio, ha habido un largo proceso de concentración, protagonizado por los de Toledo de Lanata (Samper, La Cabezonada, San Juan, Atiart, Fuendecampo y Fosado), Charo (con El Pocino), Rañín (Lumo de Rañín), Morillo de Monclús (Troncedo, Tierrantona, Buetas, Solipueyo), Formigales, Pallaruelo de Monclús (La Torre, La Villa, El Cotón, El Lenero, Solanilla, La Ixantigosa), Trillo (Salinas de Trillo), Clamosa (Caneto, Lapenilla), Muro de Roda (Lumo de Muro) y Mediano (Samitier, Arasán). Toda una larga serie de topónimos ibéricos (Toledo, Atiart, Charo, Rañín, Aluján, Usía, etc.) sobre los que espero volver algún día…

El fondo de la hoya o depresión es casi plano, tiene forma circular y en su centro se sitúa el lugar de Tierrantona, Hay diversos puntos de observación que presentan una visión magnífica, completa. Pero, posiblemente, sea el mejor el del Tozal de Charo: si en un día de niebla baja subimos al observatorio, todo el territorio de Tierrantona se asemeja a un gran barreño lleno de agua jabonosa.

Perfecto asimismo el panorama desde Muro de Roda. Los rebordes de ese llano circular vistos desde el propio pueblo, que sólo en parte coinciden con los de La Fueva, son los siguientes. Desde las proximidades de Aluján y en dirección O-N, el monte de San Salvador; girando en el sentido de las agujas de reloj, por debajo de la Peña Montañesa, las pendientes de La Estiva; luego Lascorz, en pleno descenso desde el Col de Foradada y en la vertiente de aguas hacia el río Lanata; luego Campanué y La Sierra hasta Morillo de Monclús; el monte de Formigales y de Troncedo; tozal de San Marco, cuello Portiella y Los Pinares, tozal de Palo y, por último, Sierra de Muro.

Terrantona es la forma originaria ibérica, conforme a la etimología, sin cambio fonético alguno. Pero es bien sabido que la diptongación e > ie (al igual que o > ue) es absolutamente normal en castellano, (tenet > tiene, mel > miel, septem > siete), y que, como hemos puesto de relieve en múltiples ocasiones, tan diptongación no actúa solamente sobre formas latinas puesto que no repara en el origen: iberovasco lena > liena, borda > buerda, zolo > zuelo, etc. No existe, en principio y por lo que acabamos de decir, ningún inconveniente morfológico y fonético para aceptar el usual Tierrantona; ahora bien, la diptongación ha sido la puerta por la que se ha colado el error y el esperpento histórico-cultural, y creo que es conveniente que se signifique el verdadero origen del topónimo, de modo que, quienes sigan hablando de Tierrantona conozcan que esta composición ibérica nada tiene que ver con terra-ae ni con Antonius-ii.

Esta composición tiene como primer elemento a terre, raíz presente en los nombres terreiña, terreña, terrina, terrin, (terre-in-na), siempre con el significado de barreño, palangana, vaso, es decir, recipientes con fondo circular y paredes que se abren al exterior a medida que ascienden. Recordemos aquí el perfecto paralelismo con la descripción también ibérica de Bescasa> Biescas, “como una caja”. Conviene también recordar el significado propio de la voz barreño (sobre todo en un área lingüística en la que tiene otra acepción distinta y muy particular, “orinal”): “vasija de barro tosco, bastante capaz y generalmente más ancha por la boca que por el asiento; sirve para fregar la loza y para otros usos”. Con terre se aglutina la voz anto (Dic. Retana antzo) que tiene varias acepciones pero todas muy coincidentes: semejanza, comparación, manera, modo, medida, como, a modo de. La unión se efectúa con elipsis al final del primer término: terr(e)-anto >terranto, de donde resulta que el debatido terra- inicial no es una forma ni latina ni ibérica, sino el resultado parcial de una acomodación. Por último, el pronombre relativo na, el que o la que (es, tiene, parece), La diversidad de variantes, tanto de anto como de na permite varias combinaciones literales y propias a la vez: “el que es semejante, el que es como, el que parece, el que tiene medidas”, etc. Aceptemos la más breve y sencilla: Terrantona (Tierrantona) significa “la que es como un barreño”.


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© Bienvenido Mascaray bmascaray@yahoo.es

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