Toponimia



Inicio > Toponimia > Ibérica > Macrotopónimo Isp.

Macrotopónimo Isp.

Ibérica

PREÁMBULO.- Después de muchos siglos de incapacidad, polémicas y millones de errores -muchos realmente groseros- la lengua ibérica se entiende perfectamente. Me apresuro a manifestar que, detrás y antes de esta rotunda afirmación, hay un trabajo personal casi obsesivo, totalmente desvinculado de todo lo anterior que se ha manifestado estéril cuando no ridículo; además sumamente prolongado en el tiempo: en 1.996, cuando creí tener unas cuantas ideas claras, inicié la redacción de El misterio de la Ribagorza. Orígenes, historia y cultura a través de la Toponimia, editado en el 2.000 y que, dicho sea de paso, hoy reescribiría en parte gustosamente. En todo momento, durante estos 25 años, he observado y reflexionado, avanzando poco a poco, sobre la naturaleza aglutinante de esta lengua, en qué consiste y las normas que la rigen; igualmente sobre su égimen de compresión interna y los fenómenos fonéticos de elisión y de simple alteración que admite en numerus claussus; he fijado la idea tan revolucionaria como imprescindible de que toda manifestación de la lengua ibérica (topónimos, antropónimos, etnónimos y, especialmente, las secuencias o párrafos de los textos epigráficos) está estructurada en base a “construcciones intelectuales o engendros lingüísticos” resultantes de todo lo anterior y que debemos “deconstruir” para, obtenidas las formas originarias, proceder a la traducción. Y todo ello, contando con un principio esencial: la lengua ibérica y el llamado vasco antiguo son una y la misma lengua, hay identidad absoluta, tal como se comprueba en todo momento, sin excepción alguna, al encontrar las formas deconstruídas en un buen diccionario del vasco antiguo. La vía más fácil de penetración en este mundo inabordable hasta el momento es la de los topónimos, tanto por su brevedad -dos, tres, cuatro… formas aglutinadas- como en especial por permitir la comprobación sobre el terreno de la interpretación hallada.

Conformado de este modo el sistema interpretativo, su eficacia constante y repetida hasta la saciedad en innumerables ocasiones es la prueba incontestable de su rigor científico, de su verdad y utilidad. No obstante lo cual, sé que la aceptación general tardará muchísimo en producirse: en la era, dispuestas para la trilla, hay muchas gavillas de cizaña y escasísimas de trigo. Tenemos que asistir al triunfo de los eruditos del rosa-ae, capaces de encontrar genitivos plurales en una lengua aglutinante y, con ello, un nuevo sistema lingüístico y hasta un fantástico mundo celtíbero; también al triunfo de los eruditos de la historia falsa con su insoportable bla-bla-bla. A mi trabajo afectan frontalmente los de la rosa pero muchísimo menos los otros que, a menudo, se quedarán sin respuesta. Confío en que llegará un día en que la Arqueología y la Lingüística, de consuno, alcanzarán la verdad.

ISPANIA.- Se afirma constantemente que “Hispania es el nombre dado por los romanos a la Penísula ibérica”. Se trata de una verdad a medias, esto es, de una gran falsedad. Cierto que los autores clásicos grecorromanos se refieren constantemente a Hispania, pero no menos cierto es que ellos se limitaron a escribir -con /h/ espuria incluída- lo que oían pronunciar a los naturales. Porque ISPANIA es una construcción lingüística propia de la lengua ibérica, como demostraremos enseguida.

Por otra parte, Estrabón, Geografía, Libro III, 19, Nombres de la Península, nos dice: “toda la región de más allá del Ródano y del istmo configurado por los golfos galáticos fue denominada Iberia por los autores antiguos, y en cambio los contemporáneos le señalan como límite el Pirene y dicen que Iberia e Hispania son sinónimos…”. De sumo interés: Estrabón publicó su obra en los primeros años de nuestra era, probablemente el año 7; en este momento, y pese a los grandes progresos del latín en las áreas más romanizadas, una ingente cantidad de pobladores autóctonos todavía conservaban la lengua ibérica hablada y escrita, y si “los contemporáneos” conocían el significado del topónimo Iberia -recordemos, “la orilla del norte”- afirmar que Ispania era un sinónimo nos brinda la solución en bandeja. Veamos:

La lengua ibérica cuenta con la voz IZPAZ, costa, con doble consonante fricativa interdental sorda que, habitualmente, pasa a pronunciarse como fricativa apicoalveolar sorda, esto es, ISPAS (fenómeno fonético de simple alteración nº 11 de “Nosotros, los iberos”). A ella viene a aglutinarse el pronombre relativo N, la que es, la que está, que enlaza siguiendo la regla general de la aglutinación, la elipsis al final del primer término, de modo que ISPAS + N > ISPA(s)N. En adelante, al igual que en IBERIA-hay homonimia parcial- aparece IPAR, norte, que enlaza por yuxtaposición, dado que la elipsis borraría un elemento completo, el pronombre relativo N (yuxtaposición, caso c). En ISPANIPAR, como en IBERIPAR, decae la oclusiva bilabial sorda /p/ en posición intervocálica, HISPANI(p)AR (f.f. de elisión nº 6). Por último, sigue el paralelismo, hay enmudecimiento de la consonante final: HISPANIA(r), (f.f. de elisión nº 9). El significado literal sería “la que es costa del norte” o “la costa que está al norte”; la traducción propia al castellano: “la costa del norte”. Sí, Iberia e Ispania son sinónimos; hay incluso homonimia parcial. Si lo necesitaba, se refuerza la procedencia norteafricana de los iberos, al tiempo que se retratan como elocubraciones sin fundamento científico-lingüístico tantos y tantos retazos del bla-bla-bla.

AMOR/DESAMOR.- Tengo un nutrido grupo de seguidores/amigos en Facebook, desde la A de Abad y Alfonso a la Z de Zod, cuyo apoyo constante tiene para mí un inmenso valor que agradezco en el alma. A ellos en especial quiero dejarles un bello obsequio. Se trata de la traducción de un texto epigráfico bastante extenso, sumamente curioso, inefable y, en algún momento, alegre y hasta genial: son las ideas de nuestros antepasados en torno al sexo, las sensaciones en el acto, en el momento inmediato posterior y en el largo plazo; y consejos…. No es un regalo de despedida pues seguiré publicando para ellos en mi perfil, al tiempo que suspendo temporalmente mis aportaciones al grupo de Epigrafía y Cultura pues he de dedicarme de lleno a la edición del volumen II de “Nosotros, los iberos” que lleva como subtítulo “La vida de los iberos según los textos epigráficos”. Muy poco para los “eruditos” de uno y otro signo: quizá, que reparen en la magnitud de la distancia.

He aquí la traducción del X de X (X): “En un catre hecho de ramas, grosero, mínimo, muchas penetraciones, el macho hace muchas penetraciones, con la vista turbada, como enloquecido. Concluído el orgasmo, un sueño negro y débil, un ánimo temeroso, realmente temeroso, abotargamiento y malestar profundo. La renuncia al coito mejora al enfermizo imberbe, sin el debilitamiento que supone la coyunda a los que mueren de placer.

También a tí te digo: hazme caso, abstente del calentamiento, muestra alegría, duerme castamente, sin tocamientos. El deseo libidinoso no es bueno, el coito insistente debilita. Acuérdate: la pasión acaba en breves momentos. Para próximas ocasiones, que duerma mejor el varón, sin que el miembro viril alegre el ojo tantas veces, despertando ese hervor que consume”.

 

Fotos.- Izq.: Mapa de Iberia según Estrabón con los Pirineos de N a S.Drcha.: Mapa de Ispania (la costa del norte) tras la reforma de Diocleciano que incluye la Tingitania de la costa sur.


 



Entradas relacionadas


  • No Related Post
 

Desarrollo: Interesa.es

© Bienvenido Mascaray bmascaray@yahoo.es

RSS