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Llibernal – 292 (b)

Altoaragonesa

 En verdad resulta sorprendente que, en una obra tan apreciable e interesante como Las casas torreadas del Alto Aragón de Antonio Naval Más, se pueda encontrar un trabajo dedicado a la casa Llibernal de Noals con la grafía Yibernal. Estamos pura y simplemente ante una manifestación de yeísmo completamente rechazable: aunque muchas personas no sepan, no puedan por más que lo intenten, pronunciar la palabra gallina, su impotencia no les autoriza a escribir gayina ni, menos aún, a difundirla. Por si cupiese alguna duda, el estudio etimológico de este nombre propio la aventará.

 

De la obra mencionada extractamos lo siguiente: “Casa Yibernal es construcción cuya fachada principal parece ser del siglo XIX. Entre esta fachada y la que hace ángulo hay una potente torre de planta circular. Su función es la de las otras semejantes, pero en la solución hay un elemento que la diferencia: son los balcones matacanes que tuvo en lo alto. La torre, situada en el punto más débil, y, a la vez, donde mejor podía cumplir su función de observatorio, fue colocada estratégicamente para vigilar la entrada. Construida invariablemente igual que todas las otras torres circulares con mampuesto, es de las más compactas al estar abierta solamente por aspilleras en sus diferentes pisos. En lo alto quedan los restos de unos modillones pareados que sostuvieron un total de cuatro balcones matacanes dispuestos ante otras tantas ventanas, actualmente cegadas… Es de pensar que el edificio es como muchos de los que son semejantes por la torre, de la segunda mitad del siglo XVI, pero con más claras vinculaciones a la época medieval, como se ve en la solución dada a los matacanes”.

 

Descripciones semejantes a la anterior pueden hallarse en otras obras, como por ejemplo en Torres y castillos del Alto Aragón, de Adolfo Castán. Pero en ninguna de ellas se hace la menor referencia a lo que va a ser el elemento diferenciador del topónimo, el marco natural que rodea a la casa-fortaleza, la sensación que produce, la armonía entre los diversos elementos, a buen seguro porque cuando el lugar fue llamado Llibernal, la enorme casa no existía… pero sí la naturaleza. Frente a la fachada principal y también por los costados, amplias porciones de terreno agrícola y ganadero forman una hermosa explanada, casi totalmente llana; la magnífica orientación, la luminosidad, la inmediatez del río Baliera con especies hidrófilas y la presencia de la impresionante casona conforman una especie de glacis hermoso, sereno y valioso.

 

Llibernal es una composición de la lengua ibérica integrada por dos epítetos que, al más puro estilo ibérico, se unen sin la conjunción copulativa propia de la lengua castellana. Recordemos (Epigrafía, Vaso de Lliria El Caballo) la composición BASERTE < BASA ERTE(N), “salvaje y atrevido” en castellano. En Llibernal el primero de los epítetos es liberti, ameno, divertido. El segundo es nalo, variante de naro (nuevo ejemplo de alternancia r/l). El enlace sigue la regla fundamental de la aglutinación, la elipsis al final del primer término, libert(i). Pero el segundo elemento tiene consonante inicial, con lo que se forma un grupo –rtn- de difícil pronunciación; se simplifica en –rn-. Por último, hay apócope de la vocal átona final, libernal(o), y en momento indeterminado (bien pudo ser ya en el inicial de formación del topónimo por la fluidez de los procesos de palatalización o debilitamiento), el reforzamiento de /l/ > /L/. La traducción de Llibernal es bien encomiástica a la que vez que sencilla: “(el lugar) ameno y tranquilo”.

 


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