Toponimia



Inicio > Toponimia > Ibérica > Guijo-Guijuelo

Guijo-Guijuelo

Ibérica

Pese a su nombre, Guijo de Ávila es un municipio de la provincia de Salamanca de poco más de 100 habitantes. Se sitúa en la comarca de las Sierras Salmanticenses y limita al N con el término de Guijuelo. Resulta obvia la vinculación de ambos topónimos, si bien el sufijo diminutivo que luce el segundo –que pudo tener razón de ser en algún momento, el de su fundación muy posterior- hoy no la tiene en absoluto. Guijuelo, en efecto, es otro municipio de la misma provincia y comarca (Béjar) pero con extensión territorial superior en más de 4 veces a Guijo de Ávila y población también superior en más de 40 veces. La vecindad y las características de la comarca natural en que se integran les da notas o elementos comunes: suelos, clima, vegetación con predominio de encinas, chopos, fresnos y tomillo; cultivos de cereales, olivo, vid y legumbres; muy especialmente, ganado porcino de raza ibérica; industria alimentaria, sobre todo con producción de jamón ibérico, protegida por la Denominación de Origen Guijuelo. “La industria chacinera del área de Guijuelo es la primera de España en elaboración de productos derivados del cerdo ibérico. Los jamones y paletas con D.O, han de proceder de cerdos ibéricos o cruzados, siempre que el porcentaje de sangre de raza ibérica no sea inferior al 75%. Aunque el origen de la producción chacinera de la zona se remonta a la Edad Media, la comercialización de los productos fue muy restringida hasta las primeras décadas del siglo XIX” (Gran Enciclopedia de España).

¿Es cierto, como acabamos de leer, que la producción de jamón ibérico se remonta a la Edad Media, o bien cabe afirmar que su origen es mucho más remoto, inscrito en lo que venimos llamando Prehistoria, y más concretamente, en la civilización ibérica?. Empezaremos por desechar la manida objeción omnipresente, que afirma que los vacceos, pobladores prerromanos de esa zona, eran pueblos de estirpe celta o, al menos, celtíberos. El único criterio científico y relevante para determinar el origen de los pueblos prerromanos (no hay más diferencias sensibles entre unos y otros) es el lingüístico: son iberos los pueblos que hablan la lengua ibérica. Y en esta área, un sinfín de topónimos, hidrónimos y etnónimos son incuestionablemente ibéricos; unos ya estudiados y otros que irán apareciendo paulatinamente: Intercatia, Rauda, Pisuerga, Orbigo, Esla, Baceos, Pallantia, etc. Más trascendente, si cabe, es la constatación del inmenso caudal de conocimientos y técnicas poseídas por nuestros primitivos ascendientes, los iberos, a los cuales, sin mayor averiguación y desde la ignorancia, se moteja repetidamente de salvajes. Se ignora, por ejemplo, sus avanzadas técnicas metalúrgicas, su orfebrería, el cultivo de la seda, la industria textil, los avanzados sistemas de riegos, la gastronomía, la repostería, el dominio de los injertos y la producción oleícola…; y todo ello, además de una maravillosa espiritualidad, puesta de relieve en su religión y código moral, en su pensamiento elevado y trascendente… Realmente, los españoles de hoy –que no hemos sabido acceder a la interpretación de la lengua ibérica y con ella al testimonio más seguro- somos vergonzosamente un pueblo equivocado, entreguista, traidor a sus raíces…

En su brevedad, Guijo encierra una hermosa composición de la lengua ibérica en la que luce esplendente la fuerza de compresión interna que la informa. Aportamos inicialmente la voz gia o giar (pronunciación guia o guiar). El Diccionario Retana de Autoridades recoge la forma giar, con valor de “la parte magra de la carne”; pero el origen de esta voz tiene una documentación mucho más antigua e indiscutible: la llamada “Estela bilingüe de Tarragona” contiene una proposición final que dice ani(ma) da-la gigar, “el alma que es carne viva” o “siendo el alma carne viva”, en la que podemos apreciar la caída de la oclusiva velar sonora en posición intervocálica, gi(g)ar. También aparece registrada en aquel Diccionario la variante gia, lo que resulta normal dada la inestabilidad de la /r/ al final de palabra. Este valor de gia como “parte magra de la carne” pervive aún hoy en lenguaje coloquial y en varios dialectos para designar el “magro del cerdo”, esto es, “el jamón” como alimento que se corta o separa. A gia viene a aglutinarse la voz gija, así recogida en el repetido Diccionario, que, al igual que la mayoría de las voces terminadas en a, es fruto de la aglutinación del artículo determinado a, de modo que gijo + a > gij(o)a; rescatemos por tanto la forma originaria gijo, que nada tiene que ver, como afirman los seguidores del método comparativo o formal, con la “piedra lisa y pequeña” de la RAE. Y aquí viene la concordancia perfecta, la unidad semántica que rinde fruto de hermosa descripción. Gijo significa “anca”, “cuartos traseros” del animal. Gia + gijo se unen mediante elipsis al final del primer término: gi(a)gijo, y éste resultado es el supuesto perfecto –repetición gi-gi- para que necesariamente actúe la haplología: gi(gi)jo > gijo. La traducción, bien evidente, de Gijo es “la carne magra de los cuartos traseros”, abreviadamente, “el magro del jamón”, o simplemente, “el jamón”. Si, sí, este es el origen de nuestro exquisito jamón ibérico, ahora más ibérico que nunca.


Temas: , , , , ,

Entradas relacionadas


 

Desarrollo: Interesa.es

© Bienvenido Mascaray bmascaray@yahoo.es

RSS