Toponimia



Inicio > Toponimia > Altoaragonesa > Estopiñán – 305

Estopiñán – 305

Altoaragonesa

“Lugar de 177 habitantes, a 780 m de altitud. Censaba 907 habitantes en 1.900. Es cabecera municipal que administra los anejos de Caserras del Castillo, Soriana y Saganta. Conecta con la N-239 al sur de Benabarre. En 1.057 Arnau Mir de Tost entregó a la iglesia de San Pedro de Ager desde Finestras hasta Estupiñán. En el Medievo, una enérgica arruga de dirección norte-sur fue aprovechada para encajar la notable fortificación que domina todavía el casco urbano. A los pies del castillo fue amontonándose el caserío articulado por tres calles paralelas –Castillo, Medio y Mayor- que siguen curvas de nivel, unidas entre sí por pasajes estrechos de fortísima rampa que a veces salvan gradas escalonadas. Es conjunto consecuentemente cerrado, prieto y colgado, con buena parte de viviendas renovadas en el siglo XIX. Parroquial de San Salvador, de estilo gótico aragonés, siglo XVI: nave cubierta con bóveda estrellada, ábside poligonal y capillas entre los contrafuertes; sobre la nave, galería de vanos en ladrillo; puerta al sur con arco de medio punto y protegida con atrio; potente torre pegada al atrio. En el Museo de Arte de Cataluña se conserva el retablo de San Vicente, obra del siglo XIV. Castillo medieval (ss. XI-XII) de considerables dimensiones, 98 m de longitud norte-sur por 18 m de anchura media; los lienzos de muralla rodean a modo de anillo el largo farallón, hilvanando un recinto de gran espacio interior; la cortina de murallas está reforzada por una especie de torrecilla rectangular a poniente y posiblemente otra al sur, vertiente más accesible. El tejido de los muros es heterogéneo, denotando diferentes etapas de construcción, especialmente observables en el costado septentrional, con tres cuerpos diferenciados acoplados sin adarajar, dos en línea y el tercero retraído; externamente, los quiebros rocosos juegan con el perímetro, con largos lienzos y retranqueos donde la topografía lo requiere; internamente está arruinado, siendo visible el aljibe primitivo, enjaulado entre buena sillería de juntas enfoscadas y cubierta con bóveda; es elemento de los siglos XI-XII. Ermita de San Miguel, románica –capilla del cementerio-: nave con ábside semicircular; puerta al sur con arco de medio punto –tapiada-; espadaña de un ojo pegada a la cabecera. Ermita de San Quilez, en las afueras del casco urbano; es elemento del siglo XVII: nave rectangular cubierta con lunetos, cabecera plana y puerta a los pies. Ruinas de un antiguo convento de la Virgen de Regás. Restos de la antigua parroquia dedicada a San Martín –Josep Mª Gavín-. Molino harinero en ruina total, inaccesible por barrera vegetal espinosa; pegada al molino se ve la balsa que termina en cubo de excelente cantería; mide 1,50 de diámetro y unos 6 m de profundidad. No lejos de este hay un segundo molino asentado al pie de un acantilado rocoso; la balsa está en alto, muy cubierta por vegetación; unos 10 m más abajo se hallaba la arruinada sala de molturación; entre la maleza es visible el cárcavo. Los mases de Casol y Jornal fueron viviendas de economía agroganadera asentadas en su término. Sigue con censo -3 habitantes- el más de Pilaret, cerca de Caserras. Los Royals son un grupito de hogares cercanos a Estopiñán” (A. Castán, Lugares del Alto Aragón).

 

Eladio Romero, Comarcas orientales de Huesca, págs. 98-99, añade que “su castillo musulmán fue conquistado por Ramón Berenguer I a mediados del siglo XI, reconquistado por sus antiguos dueños y vuelto a la dominación cristiana por el conde de Urgel hacia el 1.090. La población fue integrada en la Baronía de Castro a finales del siglo XIII”. Y apunta: “En su término municipal se encuentra el embalse de Canelles, interesante como zona de recreación panorámica y como punto de llegada para los amantes del excursionismo; es posible encontrar allí, entre los sotos ribereños, algunas nutrias”. Así, de pronto, se antoja menguada recompensa el contemplar los ágiles y vivaces movimientos de estoa hermosos animales, cuando se tiene en mente constantemente los tremendos episodios de dolor y ruina (recordemos aquí a Fet, Finestras, Monfalcó…) y el abandono y despoblación consiguientes.

 

La aún reciente comarcalización de Aragón dejaba en la provincia de Huesca una comarca, Ribagorza, sobre la que una especie de sino fatídico ha venido a cebarse para desmembrarla, para arrebatarle lugares y municipios de honda raigambre ribagorzana. Ya en los tiempos del Condado Independiente de Ribagorza, los vecinos orientales –Condes de Pallars- practicaron, con buenos frutos, una política de expansión y rapiña (recordemos en especial al conde Sunyer, casado con la condesa ribagorzana Doña Toda). Más grave y reciente, la división provincial de 1.833 (Javier de Burgos) dejó en la provincia de Lérida tres municipios ribagorzanos (Bidallé – Vilaller, Barruera y El Pont de Suert) que, llegada la comarcalización catalana, consiguieron al menos mantener claro su origen, constituyéndose en la comarca de L´Alta Ribagorça. El daño mayor, empero, se perpetuó con la citada comarcalización de Aragón, en la que todas las comarcas limítrofes se beneficiaron de la desmembración de la ribagorzana. Por el sur, Ribagorza pierde amplios territorios y varios municipios a favor de La Litera, entre los que se incluye Estupiñán del Castillo; la comarca Somontano de Barbastro se hace con los municipios de Olbena, Estada y Estadilla; el Cinca Medio con Fonz y Ariéstolas… Sólo un episodio, hermoso porque evidencia la fuerza de la historia y la tradición, resulta gratificante para Ribagorza: Estopiñán del Castillo, incluido inicialmente en La Litera, reclama el cambio de adscripción y consigue volver al seno de su pequeña “patria” ancestral.

 

Además de la cita de Estopiñán antes mencionada, aparecen otras en los años 1.108, 1.196, 1.200, 1.273, 1.292, 1.328, 1.381 y 1.385, siempre con la misma grafía.

 

Al llegar a Estopiñán, un grupo de tres mujeres de edad madura (enseguida se une una cuarta desde una ventana) y un hombre también mayor, bien dispuestos, se aprestan a informarme. Son todos ellos de allí, a excepción de una señora que vino del vecino lugar de Estaña (palabra llana, sin tilde, según su pronunciación). Se sienten y declaran ribagorzanos (aunque en aquel momento sean oficialmente literanos), y eso de la “Franxa” no les suena nada bien. Yo les hablo de zonas húmedas, setos, carrizos, juncos…; del pantano de Canelles y la penetración de las aguas por el cauce del río Guart, y de la posibilidad de que sea el lugar adecuado para tal tipo de vegetación. Pero no, eso es nuevo, resultado forzado por la construcción de la presa. “Entonces, ¿dónde puede…?”. No me dejan terminar y, a coro, los cinco coinciden: “En Estaña, vaya allí, ya verá. Sí, sí, juncos, carrizos, cañas…Vaya, vaya”. No descartan la posibilidad de que, más cerca aún de Estopiñán, hacia el sur y el este, donde hay zonas de suelo bastante húmedo, en tiempos pasados hubiese asimismo tal vegetación que los usos agrícolas han borrado casi totalmente.

 

Deshago un trozo de camino y tomo el desvío hacia Estaña y Caserras. Un cartel artesano pregona que en Caserras las fiestas son el 29 de agosto. Observo que la ruta, primeramente en dirección noreste, gira al este como si quisiera situarse detrás de Estopiñán. Llego a Estaña y desde lo alto contemplo la primera laguna endorreica (las aguas de la zona fluyen hacia ella y no al río que las lleve al mar). Regreso al cruce de Caserras y sigo hacia la segunda laguna, más al este, a una distancia muy corta del “Royal de Estopiñán”. Hay trechos en la que la pista se encaja entre setos de carrizos que ocultan casi totalmente mi pequeño coche. Sí, hay muchos carrizos, juncos y cañas, y están muy cerca de Estopiñán, pero no tanto como para impedir que una línea divisoria entre municipios haya dejado a Estaña dentro del término de Benabarri.

 

El topónimo Estopiñán es otro buen ejemplo de composición ibérica, integrada esta vez por cuatro formas. Consta, en primer lugar, del sustantivo esto, seto, valla. Detengámonos un instante para echar una mano a la RAE, tan desorientada, tan altiva y nunca dispuesta a dejarse ayudar: el castellano “seto” no es otra cosa que el resultado de la metátesis de esto > seto. Siguen dos complementos nominales: pin, que vale por carrizo, e ii (en el Diccionario Retana de Autoridades ihi) que significa junco. Finalmente, el adverbio de lugar an, allí, que “en ocasiones actúa como sufijo para indicar la situación de las personas o de las cosas” (mismo Diccionario). Los tres enlaces o suturas se hacen mediante yuxtaposición necesaria: esto-pin-ii-an > estopinian. Bien conocido el fenómeno de palatalización de n ante i > Estopiñán. El significado de este topónimo, bien expresivo, es “allí (donde) el seto de carrizos y juncos”.

 


Entradas relacionadas


  • No Related Post
 

Desarrollo: Interesa.es

© Bienvenido Mascaray bmascaray@yahoo.es

RSS