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Estadilla (64)

Altoaragonesa

La proximidad geográfica entre Estada y Estadilla (ya que apenas están separados por dos kms. de una carretera casa privativa para ambas localidades), en primer lugar; la semejanza tan grande entre ambos nombres (pues basta sustituir en Estada la a final por un aparente sufijo de diminutivo –illa, en segundo; la multitud de cosas y elementos compartidos, tales que la Sierra de Carrodilla, la naturaleza de los suelos, la vegetación y el paisaje, la cultura y lengua, la devoción a una misma Virgen y otros muchos, después; una especie de convencimiento general, finalmente, sobre la existencia de un vínculo no bien determinado entre ambos lugares, quizá, en apariencia, el de una cierta prioridad poblacional o en el tiempo de Estada, por lo que Estadilla sería una especie de hijuela del acerbo patrimonial, provocan la tácita aceptación de una situación de primitivo-derivado entre ambas. Sien embargo, quienes vienen siguiendo mi ya extensa obra conocen mi axioma, tantas veces confirmado, de “semejanza igual a error”, y no se verán sorprendidos por el hecho de que la identidad entre ambas poblaciones se limite a la igualdad formal de la primera parte de topónimo (Esta- o Sta-), por el que, además, el contenido o descripción sea totalmente distinta en uno y otro caso, y por que, finalmente, no exista vínculo histórico, poblacional, de dependencia u origen salvo la contigüedad espacial. Para quienes, en cambio, me lean por vez primera, les ruego un poco de paciencia, unos cuantos minutos de espera, pues no estoy empecinado ni mucho menos, como pudiera parecer, en negar una evidencia.

Empecemos por la parte común presente en ambos topónimos. En el número anterior de esta serie, dedicado a Estada, veíamos que el elemento inicial de la composición era el adverbio de negación ibérico ez, no, que muy frecuentemente se pronuncia es. La negación se antepone al verbo, en este caso a da (es, está, tiene, etc.) que es la tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo auxiliar izan. Tanto la z como la s final de ez-es son consonantes continuas que provocan el ensordecimiento de la oclusiva sonora que se sitúa a continuación, en este caso la d, de modo que es-da > esta. Por otra parte, la vocal inicial de la aglutinación esta puede sufrir aféresis, quedando en consecuencia (e)sta > Sta. El significado o traducción al castellano será en todo caso “no es”, “no está”, “no tiene”… Con esto, situamos tanto a Estada como a Estadilla dentro de la categoría de los topónimos negativos, concepto este que requiere una breve explicación. Normalmente, los topónimos expresan un hecho positivo, ya sea la acumulación, la presencia o la escasez de determinados elementos (sufijos –un(e), -ola y –eta, “lugar de”; raíces y sufijos, como tza, tze, indicativos de “montón, gran cantidad, abundancia de”; indefinidos como anitz “mucho”, txiki “poco”, urri ”escaso”,etc.; numerales como en bat-ele, bi-ur, etc.; o la simple constatación de un hecho: Paterna, “la cuesta escabrosa”. Excepcionalmente, la falta o ausencia de un elemento que es habitual puede adquirir la categoría de “hecho diferenciador”, surgiendo así los “topónimos negativos”, ya sea con el adverbio de negación ez, ya con raíces o sufijos de privación tales que gabe, -ga, -ge, -ke, presentes en topónimos como Espulla (ez-bula), Estall (ez-talai), Benátiga (bena-ti-ga), Canonge (canor-n-ge), Matge (matail-ge) y otros. En Estada, “lo que falta” o “lo que no tiene” es ata, Sta-ata > Stata, “la puerta”, habitual en las poblaciones amuralladas de los iberos. En Estadilla será algo muy distinto, sin relación alguna con “la puerta”, por lo que la semejanza con el anterior resulta muy limitada, constreñida a la simple enunciación negativa. Pero antes de entrar en su identificación y análisis es preciso hacer unas consideraciones previas.

Las formas en que el topónimo se manifiesta en la documentación histórica (mayormente entre los siglos IX y XIII) tienen el inmenso valor de hallarse más próximas al origen del nombre, sin que les afecten muchas modificaciones posteriores; ello, claro está, siempre que, entre los siglos referidos, el frente romano-católico, por medio de escribas reales o eclesiales, no las haya adulterado, lo que sucede harto frecuentemente. Por lo que a Estadilla respecta, la primera mención, según Ubieto Arteta (Colección diplomática de Pedro I) figura en un documento del año 1.089 que dice: “…hasta que Dios ponga Statella en manos de los cristianos”. Por otro documento de noviembre de 1.090, Sancho Ramírez concede franquicias a los hombres de Statella que poblaron Monzón; en 1.107, Pedro I hace diversas donaciones, por haber sido el primero en entrar en Tamarite, a Stephano de Stadella; en octubre de 1.170 gobierna “Fortunio de Stada in Statelle; en 1.174 “Fortunius de Stata in Statella; el año siguiente, “fortunio de Stada in Stadela”; en 1.177, “Fortunius d´Estada in Stadela”, y otros. En definitiva, una forma dominante y quizá primitiva, Statella, con ligerísimas variantes (Statelle, Stadela Stadella) sin trascendencia etimológica alguna.

Estadilla es una población de unos 950 habitantes, emplazada a 430 metros de altitud, en la ribera izquierda del Zinca que sirve de límite natural con Barbastro. Terreno accidentado por la Sierra de Carrodilla (hermoso topónimo este sobre el que pienso volver), cuya altitud máxima es el cerro Buñero (1.108 m.) en el límite con Peralta de la Sal. Tierras regadas por el Zinca, el barranco de las Marcelas y el Canal de Aragón y Cataluña. La población cuenta con interesantes muestras de arquitectura popular: un casco antiguo en torno al desaparecido castillo, la Plaza Mayor con el edificio renacentista del Ayuntamiento, Portal del Sol con el arco de la muralla del siglo XVI, casas solariegas de los Cabrera, Castro (Estadilla perteneció a esta baronía), Sangenís, Marro, palacio del obispo Abad Lasierra, fuente del lavadero con sus doce caños. En plena sierra, ermita de la Virgen de la Carrodilla, con numerosas dependencias, fábrica originaria del siglo XIII modificada en el XVI; en sus inmediaciones, las pinturas rupestres del Forau del Cocho y del Covacho del Engardaixo. Madoz nos habla del monte y ermita de S.Salvador, y debajo de ésta una cueva “a la que sirve de techo una peña, que destila agua muy fresca y cristalina y se recoge en una tinaja, por lo que la llaman en el país agua de la tenalleta”. No quiero olvidarme de un hijo ilustre de la villa, Cleto Torrodellas Español, autor de romances en dialecto estadillano (bajo-ribagorzano), que por su espontaneidad, naturalidad y sentimiento son imperecederos: “¡Virgen santa de los cielos! – cuan la vista tenderé – per esta pelada sierra – y a Martín ya no veré”.

También nos dice Madoz (refiriéndose a la sierra de Carrodilla), y en ello hay coincidencia con lo de “pelada sierra”, que “en tiempos de la guerra de la Independencia se desbastaron sus montes arbolados, de modo que el terreno baldío y del común de los pueblos está pelado enteramente”. Ya fueren devastados en aquella guerra, ya fuese esa su condición natural (lo que nos parece más real), la consecuencia parece obligada: la falta de hierbas de pasto conlleva escasez y penuria para la ganadería. Y en efecto, este mismo autor, hablando en particular de Estadilla (año 1.845, no olvidemos) dice que “produce: trigo, cebada, avena, carrión, judías, patatas, melones, aceite, vino, seda, cáñamo, lino, hortalizas y frutas; cría poco ganado lanar y algunas cabras…”. Dos breves consideraciones merece este texto: una, que de todas las especies ganaderas (ovino, caprino. vacuno, porcino, caballar, etc.) sólo se mencionan las dos primeras, y éstas con determinantes como “poco” y “algunas”; dos, que refleja una situación anterior a la llegada de los riegos del Canal de A.y C. En Estadilla voy a encontrar testimonios en esa línea: hoy tan solo queda una explotación de ovino, en tiempos hubo más pero nunca fue la ganadería la principal riqueza, sino la agricultura. En cuanto al vacuno, muchas casas tenían una o dos vacas pero tampoco se reunían grandes rebaños. He aquí el hecho diferenciador de este topónimo: cuando en toda Iberia la ganadería, muy en especial la de ovino, es la más importante de las fuentes de riqueza, en Estadilla , si no falta por completo, tampoco puede decirse que fuera alcanzara gran desarrollo.

Vamos ya a determinar qué es lo que “no tiene” Statella o Statelle. Recordemos, para ello, que la construcción negativa esta sufre elipsis de su a final antes de recibir el segundo elemento, ata, en la composición Stata, de modo que sólo St procede de esta (St-ata). De igual modo, en el caso que nos ocupa tendríamos un St-atela o atele, Precisamente atele es una composición de dos elementos, unidos con elipsis al final del primero, de los más notorios y frecuentes de la lengua ibérica. El primero es ato, rebaño, de tanto uso y arraigo que, sobrevolando durante al menos 7.000 años todas las vicisitudes históricas y lingüísticas de Iberia, ha llegado hasta hoy sin otra mácula que una h romanizante. Lo encontraremos en muchos topónimos (recordemos, por ejemplo, torre-obi-ato > Torrobato (Ribagorza), ato-mira > Tomir (Mallorca), are-ele-ato > Arelato o Arlés (Francia), etc.) y en varios textos epigráficos. A la unión St(a)-ato > Stato se incorpora el segundo y último elemento, ele, ganado, con elipsis, como ya hemos dicho, al final del primer término: Stat(o)-ele > Statele. Este último nombre, ele, también de uso constante en toponimia y epigrafía ibéricas, tiene variante elea, el ganado, y, en ésta, la reducción del hiato nos llevará a ela. Sin descartar que la secuencia vocálica (e)-a-e-e de (E)statele se regularice en e-a-e-a de (E)statela. La palatalización de /l/, casi constante, nos llevaría a las formas Statelle y Statella.

El significado o contenido del topónimo muestra, como siempre, una espléndida adecuación a la realidad. Estadilla (Statella) significa “No tiene rebaños de ganado”.


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© Bienvenido Mascaray bmascaray@yahoo.es

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