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Espierba (121)

Altoaragonesa

Espierba es un pequeño lugar (núcleo, pueblo, lugar, son conceptos muy relativos cuando se alude, como es el caso, a una cierta concentración de viviendas sumamente diseminadas que cuentan, además, con bastantes construcciones auxiliares), perteneciente al municipio de Bielsa, que contaba al 1 de enero de 2.005 con un censo de 39 habitantes. Sinceramente me parecen demasiados: la mayor parte de las casas permanecen cerradas y lo estarán hasta el verano; mi informante, natural del pueblo pero que emigró tras cumplir el servicio militar, me confirma que en invierno tan solo dos casas están abiertas, la de un hermano suyo y la de Barré. Pero para dar unidad a la exposición, reproduciré la descripción que hace Adolfo Castán Sarasa en su obra Lugares del Alto Aragón. Las comarcas pueblo a pueblo: “Aldea de 45 habitantes; a 1.350 – iglesia – y a 1.480 m de altitud. Tenía 172 habitantes en 1.900. Acceso desde Bielsa. En 1.646 abría 17 hogares. Núcleo de alta montaña, en franca dispersión y con numerosas bordas de apoyo a su alrededor. Caserío muy renovado y edificios de nueva planta que se precipitan hacia el valle, en la solana de la sierra de Espierba, con magníficas perspectivas montañeras. Se agrupa actualmente alrededor de dos barrios: Alto y Bajo, pero llegó a tener hasta ocho diferentes. Antes de llegar al sector bajo de Las Cortes quedan a la derecha las casas de Zapatierno y, sobrepasándolo, La Sarra – topónimo que alude a una sierra de agua que dejó de funcionar en los años 1.930-, Casart y La Planabar –zona que acoge un importante grupo de bordas-. El templo de Espierba, dedicado al Santo Cristo, sufrió importantes desperfectos durante la Guerra Civil; es obra popular del siglo XVII. El molino harinero estaba frente a la serrería pero en la otra orilla, la derecha; sus restos han sido engullidos por un bosque espeso donde pueden observarse los arranques del edificio, la acequia y el canal de desagüe”.

Mi visión de Espierba va a ser mucha más concreta y limitada. Suelo acudir a los lugares como burro con orejeras, atento tan solo a comprobar sobre el terreno la interpretación que he efectuado a priori “en el laboratorio”. Con frecuencia me siento culpable, pues habiendo sido, por ejemplo, enamorado del arte románico y visitado durante toda mi vida infinidad de construcciones religiosas y civiles de tal estilo, actualmente puedo abandonar un lugar en el que sé que existe una bella ermita del románico-lombardo sin echarle un vistazo siquiera. De modo que, cuando discurro plácidamente por la carretera que se adentra en “La Balle Verde” (lo de Valle de Pineta es una extensión no muy acertada) y tras sobrepasar Las Cortes surge a la derecha el cartel anunciador de “Espierba, 2´5 kms.”, se conecta el automatismo de búsqueda. La ruta es muy empinada, con abundantes curvas, estrecha, pero sin ningún tráfico y con el firme en muy buen estado. Me detengo repetidamente. Quiero comprobar si esta zona todavía próxima al cauce del Zinca, lo que podríamos llamar ribera, admite algún tipo de trabajo o cultivo: prados, huertos, campos roturados. No, no es posible; la ladera es sumamente inclinada y cubierta de un espeso bosque en el que la vía ha abierto una sensible herida. Cuando al fin aparecen algunos prados, en las proximidades del barrio bajo, la ribera está ya muy lejana y honda: en Espierba no se trabaja la ribera. Pasado un rato, la conversación se reproduce, ahora en lo más alto del lugar (allí termina la carretera)  entre otros con mi amigo Barré, amante de la Toponimia y con muchas ideas interesantes, y hay acuerdo: salvo un poco en Las Cortes (quizá primitivamente fuese núcleo separado de Espierba) en este lugar tan alto, sorprendentemente, no se cultiva la parte baja.

Cada vez son mayores las ayudas que recibo desde mis trabajos anteriores. Al estudiar el topónimo Bierge identificábamos la voz bier, acción y efecto de trabajar, trabajo; acto seguido, apareció la construcción negativa con el adverbio de negación ez en primer lugar, y comprobamos que su consonante final z o s, según pronunciación fricativa interdental o apicoalveolar, no dejaba de ser consonante continua que provocaba el ensordecimiento de la oclusiva sonora siguiente: ez-bier o es-bier > espier. Recordemos aquí lo dicho recientemente en el trabajo Espierlo y, antes, en Espierre, que vale para Espierba. Hasta el momento, la traducción sería: “No trabajo…”, al que habría que adjuntar un complemento nominal con “de”, por ejemplo, “no trabajo de la costanera”, o bien “no se trabaja…” al que habría que posponer un objeto directo, “no se trabaja la costanera”. En Espierba, ¿cuál será este objeto directo?. Pues bera, lugar bajo, ribera, de modo que espier-bera > espi-er-b-(er)-a por haplología. El contenido de la forma Espierba ha quedado ya destripado: “no se trabaja la ribera”.

 

 

 

 

 


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© Bienvenido Mascaray bmascaray@yahoo.es

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