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Callén (145)

Altoaragonesa

Callén e s un lugar perteneciente al municipio de Grañén, comarca de Los Monegros. De él nos dice Adolfo Castán, Lugares del Alto Aragón, págs. 465-6, lo siguiente: “Lugar de 61 habitantes, a 380 m de altitud. Población situada en la carretera Huesca-Grañén. Se documenta en 1.083. Núcleo emplazado en llanura suavemente ondulada, al pie de un montículo con vestigios del castillo. Conjunto articulado por una larga calle que parte de la iglesia y circunvala el cerro por el este. Casas modernizadas, las más antiguas son del siglo XIX. Parroquial levantada en 1.970. A media ladera del cerro se conservan unas ruinas que llaman La Cárcel; los restos configuran un espacio rectangular articulado con sillería que fue abovedado – se ven arranques -; los paños están lavados con argamasa de cal hidrófuga identificando el aljibe del viejo castro medieval. Bodegas excavadas al pie del otero, una de ellas con puerta de madera de 1.876. Notable crucero dedicado a la Virgen del Pilar, datado de 1.703. Fuente del siglo XIX que surte un abrevadero y después al lavadero”. El Diccionario de Madoz nos da algunos datos referidos a su época (1.845-50): “el terreno es secano pero de buena calidad a poco que favorezcan las lluvias; carece de montes arbolados, más cría abundantes y buenas yerbas de pasto y mucho esparto…Industria y comercio: la primera se reduce a la elaboración del esparto, del que se hace estera basta y otras manufacturas…”. Hoy en día, y pese a la roturación de terrenos y nuevos cultivos de regadío, el esparto sigue siendo muy abundante en Callén, aunque ya no se recoja ni se elabore manufactura alguna con él. Pero el pueblo ganó mucha fama por esta actividad que ha perdurado hasta hace unas décadas pues, no es casualidad que, en un par de ocasiones, cuando he dicho que voy a Callén, me han contestado: “¡Qué!, a Callén a por vencejos… “.

“Los espartales o albardinares conforman tal vez el paisaje que mejor representa el carácter estepario de Los Monegros. Se asientan generalmente sobre suelos limosos, de poca pendiente, a menudo en fondos de valle. No es raro que en estos suelos haya grandes concentraciones de cloruros y sulfatos. Suele haber una gran dominancia del albardín (Lygeum spartium) que muchas veces es la única especie que se observa a primera vista…En situaciones más elevadas, en suelos menos ricos en yesos y sales solubles, las comunidades estépicas de gramíneas perennes suelen estar dominadas por diversas especies del género Stipa junto al albardín” (Comarca de Los Monegros, págs. 56-57).

Callén es un pueblo agradable, de calles muy limpias, silencioso. No se ve persona alguna por ningún lugar, doy varias vueltas hasta que, al fin, desde el otro extremo, parecen llegar ruidos de golpes, de algún trabajo. Seguro que no son los del “mallar” del esparto… Cerca ya, un perro grande, blanco y lanudo muestra gran alegría con la visita y unas incontenibles ganas de jugar. Hay dos hombres trabajando en una obra; son de allí y sumamente amables. Después de darme muchas informaciones, uno de ellos deja su trabajo y, cruzando un buen trecho, me lleva a “casa del Sr. Pablo, que es uno de los hombres más viejos de Callén y el que más trabajó el esparto”.Es, desde luego, juntamente con su esposa, un óptimo informante y, de la dilatada conversación, extraigo lo que interesa: “Salían al monte a recoger esparto una vez recogidas las cosechas de todos los cereales. Muy pronto por la mañana, casi de noche, partían con el carro y las mulas. Arrancaban la rama del esparto, que podía alcanzar o sobrepasar el metro de longitud, quedando en el suelo la raíz de la planta, que volvería a dar fibra al año siguiente. Lo primero que hacían con el esparto era tenderlo para que se secase, ya que al cogerlo aún estaba algo verde. Una vez seco, y sin mallar, se utilizaba para hacer las esteras más bastas. Pero la mayor parte tenía que ser mallado, poniendo el esparto sobre una piedra y golpeando con el mallo de madera. La tarea, por lo larga, resultaba fatigosa, y en cualquier momento de posible descanso surgía la voz del padre ordenando que se mallasen unos manojos de esparto. Se cuenta (con cierta dosis de humor) que en un pueblo próximo los vecinos tendían el esparto en la carretera, esperando que los escasos vehículos que pasaban les hicieran la faena. Con el esparto mallado se hacían muchos trabajos, pero el más importante fue, de siempre, el de los vencejos para atar los fajos de trigo. “Para las Pascuas (la de Resurrección y la de Pentecostés) cargábamos el carro con vencejos y nos íbamos a Huesca a venderlos. Con lo que sacábamos teníamos comida pa todo el año”. Pero también se hacían muchas sogas y soguetas, algunas de hasta 15 m de largo, y albardas, colleras, estropajos, etc…Pero no había nadie que viviese del esparto: era algo que se hacía además de llevar la hacienda; era casi la única manera de ganar alguna perra…”.

La voz ibérica kallamu vale, según el DRAE, por cáñamo. Pero la gran indefinición de especies, tanto vegetales como animales, llevó a que dos plantas bien distintas (cáñamo y esparto) pero con una característica común, la de su utilización para hacer tejidos, sogas, alpargatas, etc., fueran designadas con el mismo nombre; así pues, kallamu valió por cáñamo y esparto. Sigue el sufijo de comparación –en, que debemos traducir por más. Cerrando la composición, aunque no esté visible, concurre el pronombre relativo n, “el que tiene”. La composición completa kallamu-en-n pasó por kallam(u)en(n) por elipsis al final del primer término y simplificación de la consonante doble final. La repetición de la vocal a en kallamen, tan próxima, provocó la haplología de la segunda, kall(a)men, y la subsiguiente simplificación del grupo consonántico –llm- a ll. En conclusión, kallamu-en-n > kallamen > kallen. Por otra parte, no cabe descartar (es más, resulta más que posible) la existencia de una forma primitiva kalla, con igual valor, ya que amu es voz independiente que significa “zarcillo, copo, yema, capullo”, en cuyo caso, con mayor simplicidad, kalla-en-n nos lleva por kall(a)-en-n directamente a kallen. El bonito topónimo Callén significa literalmente “el que tiene más esparto”.


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© Bienvenido Mascaray bmascaray@yahoo.es

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