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Ballerías – 333 (b)

Altoaragonesa

Hoy se conoce como La Venta de Ballerías un lugarejo perteneciente al municipio de Huerto cuyo nombre verdadero –y así lo recoge Madoz en 1.845- es simplemente Ballerías. No es de recibo que, por el hecho de instalarse en el mismo una venta o posada, y por muy conocida y visitada que fuese, se llegase a cambiar el nombre del lugar. Éste aparece citado por vez primera en el año 1.104, en la concordia realizada entre el obispo de Huesca y el abad de Montearagón (Ubieto Arteta, Cartulario de Montearagón, nº 38). Se conoce asimismo una variante del topónimo: Ballarías. De señorío secular en 1.785.

La pequeña realidad actual de Ballerías sigue imbuída de los recuerdos, aún frescos, del pasado, que tan bien conoció Madoz: “Coto redondo y venta en la provincia de Huesca, partido judicial de Sariñena. Situado en la carretera que conduce de Barbastro a Zaragoza, la que pasa por medio de la población, donde comúnmente hacen parada y pernoctan los viajeros, en llano al terminar la cuesta de la gran hondonada, por la que corren los ríos Alcanadre y Guatizalema. Tiene 12 casas, una iglesia parroquial servida por el cura de la de Huerto; y una ermita dedicada a Nta. Sra. de Puimelero, ambas de propiedad del antiguo señor de este término, que comprende sobre 400 cahizadas de tierra… El terreno es de mediana calidad, y no todo de labor, carece de bosques arbolados, pero abunda en yerbas de pasto, y disfruta del poco regadío que le proporcionan las aguas sobrantes del lugar de Huerto. Produce trigo, cebada, avena, morcacho y mijo. Población: 3 vecinos de catastro, 34 almas”.

A la vista de la abundante maquinaria agrícola, hay al menos un vecino en el lugar de Ballerías que sigue con esta actividad. Pero no consigo localizarlo. Otro posible informante, casado con una mujer de allí, es solo vecino de fin de semana y no sabe, confiesa, casi nada del lugar. Al fin, una señora muy amable con recuerdos de los años cincuenta. Nació y se crió allí, si bien tuvo que emigrar, como tantos otros, a Cataluña. Pero “es muy terca”, asegura, y allí están sus raíces y viene constantemente. Cuando le pregunto cómo se vivía allí en aquellos lejanos años, la respuesta es categórica, casi violenta: “¡Miseria!. Si te mandaban a comprar una barra de pan a Huerto, nunca llegaba entera a casa”. Hablamos de varios temas: huertos y producción de trigo y ordio, colonos y forasteros que pululaban por allí, los préstamos de simillas que había que devolver, las malas cosechas, de la iglesia arruinada y del castillo amenazante para los vecinos, de su demolición “precipitada”, de problemas pendientes y, muy especialmente, de la calidad de la tierra (solo mediana, me dicen) y de la riqueza de las cosechas (inciertas y nada buenas).

No es la primera vez que, en una economía agraria y, especialmente, cerealista, la calidad de las mieses, sus enfermedades y problemas, llegan al topónimo descriptivo. Recordemos brevemente el lugar mallorquín de Balgornera, que procede de bal-gorni-eransi, y que traducíamos por “las haces de trigo contagiadas de la roya”. Como tampoco es nuevo que lo contrario, la excelente calidad de la mies, se pregone en el nombre de lugar; recordemos, por ejemplo, Barbuñales, que procede de barbu-uni-alez, “el trigo barbudo que nutre todo lo posible”. En Ballerías vamos a encontrar otro caso de trigo atacado por alguna plaga o enfermedad que, sin embargo, no se especifica. La expresión es sumamente clara y no deja lugar a dudas. Se compone el topónimo de tres formas, la primera de las cuales es bal, haces de trigo, fajos, parva de la era. Sigue eri, que tanto puede valer como sustantivo, enfermedad, como verbo, enfermar. Pero en la composición ibérica el verbo va siempre al final, de modo que entenderemos que es sustantivo hasta tanto analizamos el tercer elemento. Éste resulta ser azi, crecer, criar, vegetar, lo que confirma la naturaleza sustantiva de eri, por una parte, y por otra completa la descripción perfectamente. Ballerías procede pues de bal + eri, con enlace por yuxtaposición necesaria dado que la elipsis –ba(l)eri- haría incomprensible la composición; y de baleri + azi, con el mismo enlace y por idéntica razón. Hay caída de la vocal átona final, baleriaz(i), pronunciación fricativo-apicoalveolar de la fricativa interdental sorda /z/, balerias y, por último, palatalización de /l/ a /L/, ballerías. Sólo nos falta dar la traducción literal de Ballerías: “las haces de trigo que crecen con enfermedad o enfermas”.

 


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