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Alcubierre (94)

Altoaragonesa

El municipio de Alcubierre se encuadra en la comarca de Los Monegros y tiene una extensión de 115,3 kms2. El pueblo de igual nombre cuenta con 466 habitantes y se emplaza a 483 m. de altitud. Partiendo de Huesca, y por Tardienta y Robres, llegamos a Alcubierre tras haber recorrido 42 kms. He aquí una información genérica tomada de Huesca, guía turística del Altoaragón, de Ed. Pirineo, sobre alguno de cuyos extremos será necesario insistir: “La población se ubica próxima a la sierra del mismo nombre. Su majestuosa iglesia parroquial de Santa Ana, de una nave cubierta con bóveda de crucería, destaca por su esbelta torre mudéjar de excelente decoración. Está asentada donde pudo haber estado un castillo y donde estuvo el palacio de los condes de Sástago. Consta de tres cuerpos de planta cuadrada en degradación. Destacar también el granero de la Badía, donde se recogían los diezmos, y casas aragonesas como la de Ruata y el edificio solariego de los Calvo. En su término encontramos antiguos hornos de yeso y el importante yacimiento iberorromano y medieval de Puyalcalá. Sus montes han sido testigos de las correrías del famoso bandido Cucaracha y de tristes contiendas en la pasada Guerra Civil”.

Se nos llena la boca con orgullo cuando afirmamos que los españoles vivimos en “un estado democrático y social de Derecho”, en el que se reconocen, respetan y protegen los derechos fundamentales de las personas. En cualquier caso, debemos recordar que no siempre ha sido así; más aún, que el Nuevo Estado es una criaturita muy joven, nacida en 1.978, y que, en el larguísimo devenir histórico de Iberia o Ispania, más de cien generaciones, que arrancan en el año 218 a. de C. con el desembarco de los Escipiones en Ampurias, han sufrido la violencia, la esclavitud, la injusticia, la desigualdad y la opresión emanadas de los caciques de turno, ya se llamen generales, legados, pretores o cónsules romanos, reyes godos, condes y reyezuelos cristianos, monarcas absolutistas y dictadores, aunque se autoproclamen instituidos “por la gracia de Dios”. Sin separación de poderes, sin normas jurídicas preexistentes y ciertas, sin independencia de los jueces, bellas instituciones, como la legítima defensa o el estado de necesidad, no alcanzan siquiera la categoría de “música celestial”. Por todo ello (y mucho más), la aparición de un rebelde como Mariano Gavín Suñén, el “Cucaracha”, salido de la nada y la miseria para luchar contra el sistema y sus servidores, suscita la simpatía y adhesión popular, lo cual no supone, obviamente, la aceptación de todas y cada una de sus actuaciones. Para quien esté interesado en el tema, recomiendo la lectura de la obra de Rafael Andolz El bandido Cucaracha y Puchamán de Lobarre, Librería General, Zaragoza 1.982.

La opresión, el goce y disfrute de unos pocos (jerarquía católica incluída), se empiezan a tambalear con las ideas de la Ilustración, con precursores como Baruch Despinosa y John Locke, a los que suceden los ilustrados congregados en torno a La Enciclopedia Francesa (Diderot, D´Alambert, Montesquieu, Rousseau, Helvetius, Holbach, Mably…). En España también encontramos precursores como Benito Jerónimo de Feijoo, Meléndez Valdés. Jovellanos, Cadalso, Campomanes, Moratín, Mayans y Siscar, etc.; y activistas, como el abate Marchena, Guzmán (el noble terrorista español), Olavide, Teresa Cavarrús, el ciudadano Hevia y tantos otros. Sin embargo, una extraña carambola jugará a favor de los caciques: a causa de la estupidez y soberbia napoleónicas, el pueblo español pondrá la quintaesencia de la Patria, su independencia y su propia dignidad en la repulsiva monarquía absolutista de Carlos IV y Fernando VII: no habrá Bastilla, ni guillotina, ni terror, y las nuevas ideas pugnarán por asentarse durante 166 años (1.812-1.978). España se aupó a un tobogán absolutismo/democracia, con rápidas y a veces trágicas alternancias: Constitución de 1.812 (La Pepa) – Reacción absolutista, derogación en 1.814 de la Constitución y proclamación de Fernando VII; Revolución de 1.820, pronunciamiento de Riego, Trienio liberal – Los Cien Mil Hijos de S. Luis… El último triunfo absolutista lo protagonizó Franco (1-IV-1.936 a 20-XI-1.975 tras la inmensa tragedia de la Guerra Civil Española 1.936-1.939. Pues bien, de nuevo Alcubierre reclama un triste protagonismo: la llamada “Ruta de Orwell”, con la estancia del gran escritor, militante del POUM, en monte Pucero, en plena sierra, después en monte Irazo, con sus trincheras y alambradas, y muchos otros testimonios y recuerdos, son hitos de una Historia que jamás ha de repetirse.

La Sierra de Alcubierre es una cordillera que se extiende a caballo de las provincias de Huesca y Zaragoza, en dirección NO-SE, durante unos 40 kms. aproximadamente, desde la Corona de la Reina (629 m), al sur de Tardienta, hasta Los Monegros, donde enlaza con la sierra de Pallaruelo, la de Sijena y la de Ontiñena. Suelo árido y pobre, con un abigarramiento de colinas en las que medran los bosques de pino carrasco, las carrascas, las sabinas y el monte bajo, con aliagas, tomillos, romeros. George Orwell decia de ella: “Los montes de aquella parte de España tienen una forma curiosa, como de herradura, con la cima achatada y laderas empinadas que se precipitan en tremendos barrancos”. Los autores de Los Monegros, Rutas CAI por Aragón, añaden que “el escritor, subyugado por la visión a un tiempo hermosa y trágica de estos parajes, no dudará en considerar su estancia en España como el más importante acontecimiento de su vida”. A esas colinas achatadas “como de herradura” se refieren asimismo los autores del volumen V, Geografía, de la Enciclopedia temática de Aragón, que dicen: “Desde la “muela” de Alcubierre (822 m) se domina un paisaje de cerros y vallonadas alternantes, resultado de las diversas entalladuras de las aguas del cuaternario sobre una litología de yesos, margas, arcillas y calizas, de estratigrafía horizontal, como detalla la foto superior”(que reproducimos).

En esta área monegrina, la Sierra tiene una importancia capital cuyo influjo invade muchos campos de la geografía, de la economía, de la cultura… Nosotros mismos, en la Toponimia, hemos tropezado con ella en diversas ocasiones. Así, Sena (35) es “la que tiene más ganado lanar”, gracias, en buena parte a los montes comunes y de propios de la Sierra de Alcubierre, hasta que fueron desamortizados y pasaron a propiedad privada; Alcanadre (38) es el río “que se aleja o desvía cuando está próximo a acabar” por el obstáculo que supone la Sierra para mantener su decidida dirección N-S; Farlete, que no estudiaremos en esta serie por pertenecer a Zaragoza, hace referencia a la brecha existente entre S. Caprasio y Monte Oscuro; el pueblo de Alcubierre, finalmente, se identifica con el nombre de la sierra, y es ella la descrita en el contenido del topónimo, o dicho de otro modo, es la Sierra la que da nombre al lugar.

Alcubierre, al igual que otros muchos topónimos ibéricos, tiene el infortunio de empezar por al-, lo que, en principio, no parece gravemente peligroso ni excepcional. Craso error, porque la “ciencia” toponímica española anda tan escasa de conocimientos e ideas que se dedica a “cazar semejanzas”, a buscar parecidos que, sin mayor averiguación y con inadmisible y vergonzosa ligereza, se convierten en “étimos verdaderos” (viva la redundancia) de los desconocidos nombres de lugar. Al es el artículo árabe correspondiente a “el”, y es como una especie de bandera en lo alto del mástil que proclama la identidad o nacionalidad, árabe en este caso, del topónimo. Ya nos hemos referido en extenso a esta calamidad en varias ocasiones, especialmente en Alcanadre, por lo que habremos de remitimos a ese capítulo (38) para evitar repeticiones. Sí podríamos citar algún párrafo demostrativo de aquel proceder, en el que se declaran de ascendencia islámica topónimos como Alberuela, Alcubierre, La Almolda, Bujaraloz…

Por semejanza, el castellano “loma” (altura pequeña y prolongada) deriva de “lomo”, parte posterior del dorso de los mamíferos entre las costillas y las caderas. En los cuadrúpedos, generalmente se llama “ijares” a esta parte del cuerpo. Esta conexión entre el lomo de los mamíferos y la loma como accidente orográfico data ya de la época ibérica, como tantas otras cosas que yacen en el limbo, a la espera que tal situación cese por inadmisible y retrógrada. En efecto, el lomo o los ijares se decía en lengua ibérica arku, que tiene una variante, arkutz, con idéntico significado; pero los iberos establecieron la conexión semántica añadiendo a esta raíz el sufijo diminutivo o apreciativo –txu, de modo que arkutxu significaba loma o colina, esto es, altura pequeña y prolongada, sin descartar que el uso continuado concentrara en arku ambas acepciones. Ya nos hemos referido repetidamente a un fenómeno fonético propio de la lengua ibérica que se manifiesta con mucha frecuencia: la alternancia r/l, por ejemplo en arkuda-ti-a que, tras la elipsis al final del primer término y la confusión d-t (oclusivas dentales sonora y sorda respectivamente) acaban por dar arkud(a)tia > arkud(t)ia >Alcudia. Así pues, alku, loma, es el primer elemento de la composición ibérica Alcubierre.

El segundo elemento es berex, separar, apartar, aparte, o bien, separadas, apartadas. La composición completa será, por tanto, alkuberex, sobre la que el viento de los siglos ha dejado varias señales: la diptongación e>ie, el reforzamiento de r y el enmudecimiento de la s (x) final. El topónimo Alcubierre significa, según la descripción de la sierra hecha anteriormente, “lomas o colinas separadas” (por las vallonadas).


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© Bienvenido Mascaray bmascaray@yahoo.es

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